Tus
pupilas miran.
Mis
nostalgias captan en tus anhelos.
El
compás de rezos omnipotentes.
Que
pronuncias sola en los ambientes.
Del
antaño templo de tus abuelos.
Y tus
manos llevan los dos misales.
El de
rezos cortos de florecillas.
Y tu
diario escrito con las plumillas.
Que
pulsaron dedos inmemoriales.
Tus
pupilas miran estremecidas.
En el
punto fijo que convergemos.
En
plegaria misma que la invoquemos.
Con el
mismo anhelo de ser cumplidas.
Y en la
tarde grata y perfumada.
El
incienso gira en remolino.
Y en tu
pecho blanco y cristalino.
Un
milagro avanza de ser amada.
Y te
marchas siempre con la esperanza.
De besar
la tarde que es milagrosa.
De tocar
al pueblo con voz de rosa.
De
volver sonriente con tu confianza.
Robert
Aníbal Sánchez Fajardo
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