Tus huellas en la casa.
En café y aroma te inmortalizas.
Y tus manos rosas de la ternura.
Inocentes juegan en la escritura.
En historias tuyas que son sentidas.
Y tu voz la ruedas en pergaminos.
Y me cantas notas de mil recuerdos.
Con clamores justos de tus misterios.
Con tus versos fuegos muy cristalinos.
Y tus cantos sigo en laberintos.
En tus sueños reales o imaginarios.
Que en la casa rondan humanitarios.
Y buscando aromas por ti benditos.
Y en tu pecho sientes el infinito.
Al besar secretos en ti guardados.
De los tiernos sueños que son sagrados.
En tus dulces versos por ti ya
escritos.
Robert Aníbal Sánchez Fajardo.
¡Hermoso!
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