Al ocaso
lento.
Y tus
labios finos musicalizan.
La
nostalgia y gracia que purificas.
Con tu
ritmo innato que dulcificas.
Con el
gesto y besos que te eternizan.
Y tus
brazos vibran y son sensibles.
Al ocaso
lento de atardeceres.
A los
sueños vivos que vos prefieres.
A las
frescas notas muy apacibles.
Y tus
manos fieles van dibujando.
Horizontes
nuevos en las esperas.
Pincelando
dichas que son sinceras.
Y
ablandando penas que vas fumando.
Diminutos
barcos que ya divisas.
Van
llevando cartas imaginarias.
Van
llorando gotas humanitarias.
De tus
ojos fuentes que poetisas.
Y la
noche atisba tus ansiedades.
Y te
arropa estrellas que te reflejan.
Y te
brinda lunas que te festejan.
Con los
vinos tintos de inmensidades.
Robert
Aníbal Sánchez Fajardo.
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