Y en las
hojas verdes.
Un
sinsonte canta interpretando.
Un
mensaje libre que va en su pecho.
Y lo
escribe en eco que va en helecho.
Y su
silbo eterno se va grabando.
Y en el
canto cuenta de primaveras.
De
añoranzas tiernas en la espesura.
Del
dolor ignoto que se presura.
A buscar
el signo de las esperas.
Y en las
hojas verdes de la llanura.
La
leyenda surge y se conecta.
Al
hermoso río de voz perfecta.
Y a la
aurora dulce de la ventura.
Y de
rama en rama van los clamores.
Del
cantor que sufre por su amada.
Del
juglar que gime en su tonada.
Las
sensibles penas de sus dolores.
Y un
pequeño nido va construyendo.
En nogales
altos de la arboleda.
Con el
lirio casto de la alameda.
Con el
himno dulce que va sintiendo.
Y un
feliz encuentro ya se realiza.
En el
bosque bello que es un encanto.
Con el
dulce sueño que va muy santo.
Que
recrea dichas que el sol desliza.
Y en la
historia queda un fiel romance.
Que
sonrisas tiernas lo despertaron.
Que las
ramas bellas lo acariciaron.
Que
fulgentes flores ya dan su avance.
Y el
sinsonte humilde ya se complace.
Con las
notas claras a la distancia.
Con el
arpa noble de la constancia.
Con su
voz nativa del fiel enlace.
Robert
Aníbal Sánchez Fajardo.
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