El Lago y tu mirada.
Me dejaste el lago y tu mirada.
Y tu rostro virgen en el espejo.
Y tus manos bellas en el reflejo.
Del grisáceo brillo de agua soleada.
Y tu rostro virgen en el espejo.
Y tus manos bellas en el reflejo.
Del grisáceo brillo de agua soleada.
Y cantabas sola la melodía.
En el fuego oscuro de tus pupilas.
Me dejaste el lago en bastardilla.
Y un escrito en verso en sinfonía.
En el fuego oscuro de tus pupilas.
Me dejaste el lago en bastardilla.
Y un escrito en verso en sinfonía.
Y tu cuerpo hermoso con tu perfume.
En adiós muy dulce me lo entregabas.
Y con esa tarde te me llevabas.
La mitad del alma que en ti se funde.
En adiós muy dulce me lo entregabas.
Y con esa tarde te me llevabas.
La mitad del alma que en ti se funde.
No te escucho voces que me seducen.
Ya tus manos finas son esmeraldas.
Tus palabras hondas son recordadas.
En los giros nuevos que el agua fulge.
Ya tus manos finas son esmeraldas.
Tus palabras hondas son recordadas.
En los giros nuevos que el agua fulge.
Robert Aníbal Sánchez Fajardo.
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