En el puente donde te encontré y te dije que Te amo.
En ese puente cifré tu nombre sobre la madera.
Y tus manos me acariciaron y tu sonrisa era mía.
Me dijiste que me amarías de la mejor manera.
Y tus manos vibraban de amor como melodía.
El perfume sonriente y musical de tu boca.
Grabó para siempre tu amor en mis labios.
Y tu pecho vibrante de juvenil y dulce encanto.
Siguió cantando en mi corazón como alondra.
Soy ruiseñor cantor de tu blanca dulzura.
Y mi pluma es rústica y plena de sencillez.
Y es que te arrullo cuando calmas mi amargura.
Cantando como paloma tierna y montañés.
Soy ruiseñor cantor de tu belleza.
Y mi pluma es dura y esquimalés.
Y es que te amo cuando pasas por mis venas.
Salpicando tu dulzura y tu niñez.
Robert Aníbal Sánchez Fajardo.
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