lunes, 7 de agosto de 2017
Novicia.
Novicia.
En el silencio frío del enfriador y santificador convento.
Tus manos cálidas acarician solamente mi nombre.
Que te lo escribí en un papelito que ahora lo escondes.
Y que lo repites como oración de salvación en tus adentros.
Ahora todas las oraciones son mi salvación y me valen.
Todos los misales viejos me huelen a pétalos de flores.
Mas que tus pasos por los pasillos en mi pecho estallen.
Y que tu mirada rompa los muros que nos estorben.
Tu cuerpo hermoso de casta seductora y purísima gracia.
Busca la santidad espontánea como perfume de incienso.
Mas tu mirada tímida de niña enamorada me insinuaba.
Que me amabas mas allá de tu virginidad en suspenso.
Guarda mi nombre en tus elegantes y preciosas manos.
Y quizá vuélveme santo o monje amando tu fiel silencio.
Mas yo te cantaré por siempre con mis versos que te amo.
Así ya hayas hecho sinceramente tus votos perpetuos.
Yo te sacaré a bailar imaginariamente en mis sueños...
Y te dibujaré la vida mas dulce y un romance eterno...
Mas quiero amarte tanto en la libertad de los pueblos...
O así vivas recordándome para siempre en el convento...
Robert Aníbal Sánchez Fajardo.
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