Y tu
aroma hablaba.
Me
esperaste en la orilla de tus labios.
Y tus
caricias dulces las presentía.
Te asomaste
como el agua matutina.
Abandonada
a la suerte de tus dones sabios.
Y tus
ojos dulces me escribían suspiros.
Y con su
brillo me afirmabas a tu pecho.
Que es
jardín de aromas y de helechos.
Y
cubrías todo con el silencio en tus giros.
Y tu
aroma hablaba de tu gracia.
De tu
belleza inocente y tu sonrisa.
De tu
dolor y dicha que ya me avisan.
De tu
mirada silenciosa y de tu infancia.
Y
escuché el canto de tus pasos delicados.
Entre
las mil plantas de tu pueblo celeste.
Y la música
de tus labios sonrientes.
Y tu
perfil dibujado en artesonados.
Sigo el
lenguaje de tus manos que sienten.
Y beso
tus mejillas que presienten las caricias.
Y beso
tus dientes y tus palabras sensitivas.
Y luego
nos pensamos a distancia prudente.
Robert
Aníbal Sánchez Fajardo.
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