jueves, 21 de septiembre de 2017

El Maestro de la escuela campesina.




EL MAESTRO DE LA ESUELA CAMPESINA

Con la idílica dulzura con que hablaban mis abuelos
de sus líricas campiñas circundadas de arroyuelos,
brota el río montañero de mi verbo juvenil.
Soy entonces connativo de la fuente cristalina,
el amigo inconfundible de la errátil golondrina
y el dinámico labriego del espíritu infantil.

Fortifica mi docencia la ancestral filosofía,
que propugna la existencia de Eternal Sabiduría,
cuyo Verbo enciende soles de infinita claridad.
Sublimizan mi escuelita las nevadas serranías,
que se yerguen en el fondo de azuladas lejanías
como símbolos tocados de apacible eternidad.

Enseñando democracia bajo el techo del labriego,
yo disfruto con mis niños del dulcísimo sociego,
que no sienten los magnates del dinero corruptor.
Nada pido de rodillas frente al trono de los grandes,
porque miro el sol de frente como el cóndor de los Andes.
pero exijo del estado su concurso protector...!

Soy semblanza de mi pueblo de carácter castellano,
que hace Patria generosa con la palma de la mano,
sin más ciencia ni más arte que su propia sensatez.
Soy la estampa de una raza de progenie legendaria,
que hizo azules paraísos de una selva milenaria
y de cada infancia nueva su futuro de honradez...!

Con mi bíblica sapiencia - que descifra los enigmas -
soy el genio creativo de divinos paradigmas
y de fuentes de agua viva con la vara de Moisés.
Soy entonces la campana religiosa de la aldea,
soy el Himno de la Patria, la Bandera que flamea
y el clarín de los soldados de mi pueblo nariñés...!

Voy camino de Francisco, el heróico misionero,
del amigo de los lobos, del infrágil compañero,
que miraba en cada cosa lo que puede el Creador.
Mucho aprendo de la hormiga que abre rutas en cadena,
soy alumno de la abeja que me enseña su colmena,
de la araña que entreteje de ilusiones su balcón.

Vivo absorto con Isidro labrador de las praderas,
que con mano milagrosa convertía en cementeras
los estériles desiertos y las rocas del peñón.
Soy entonces el maestro de la Escuela Campesina,
el clarín de los soldados de mi tierra surandina
y el artífice del canto como el dulce ruiseñor...!

José Celestino Sánchez Benavides.

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