Cuando eras niña:
En ese instante estás más allá de la belleza.
Eres el corazón de Dios ocupando espacios.
Y todos los tiempos de infinita gracia tierna.
Y Creo me sostienes en tus dedos de topacio.
Allí estoy flotando en tu cabello fino y delicado.
Y voy sostenido en tu sonrisa leve e inocente.
Creo que ya aparezco en tus sueños fervientes.
Y ya somos parte de un canto apacible y sagrado.
Tu dulzura atravesando continentes y fronteras,
Con la fuerza indetenible del amor en un suspiro;
Va edificando historias con la fe que nos espera.
En ese instante entrelazas sutilmente tu cabello.
Creando nuevos mundos de amor para el recuerdo.
Y creando la realidad de nuestro amor con tus rezos.
Robert Aníbal Sánchez Fajardo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario